Arcos, columnas, escalinatas de
mármol y cielo.
Testigos del peso dorado de los grandes pensamientos.
Hombres hechos de sentir y razón, caminando ideas,
forjando —casi sin saberlo— las bases de nuestro saber.
Rafael, con su pincel que piensa, logró lo imposible:
darle cuerpo a lo invisible.
Allí el aire no es aire: es pregunta.
Se respira sabiduría como se respira polvo antiguo.
Se respiran diálogos profundos,
miradas que discuten sin alzar la voz.
Se respira humanidad:
esa tensión eterna entre lo que somos
y lo que buscamos comprender

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